En este artículo te explicamos los principales tipos de corrosión que existen, cómo reconocerlos y por qué es fundamental someterlos a pruebas especializadas antes de que el daño sea irreversible.


Conoce nuestras soluciones para detectar y analizar la corrosión de tus componentes.

La corrosión le cuesta a la industria mundial cientos de miles de millones de dólares al año. Pero más allá del costo económico, un componente corroído en el lugar y momento equivocado puede significar una falla estructural, un accidente o la pérdida total de un producto. La buena noticia es que identificar el tipo de corrosión que afecta a tus materiales, a tiempo, puede marcar toda la diferencia.
En este artículo te explicamos los principales tipos de corrosión que existen, cómo reconocerlos y por qué es fundamental someterlos a pruebas especializadas antes de que el daño sea irreversible.
La corrosión no siempre es visible al ojo humano — el daño puede estar avanzado antes de que aparezcan los primeros signos. Detectarlo a tiempo es clave.
La corrosión es el desgaste o la alteración de un metal o aleación, ya sea por ataque químico directo o por reacción electroquímica con el entorno. No se trata solo de "óxido visible": la corrosión puede ocurrir de formas muy distintas, muchas veces invisibles al ojo humano, hasta que el daño ya es severo.
En industrias como la automotriz, aeroespacial y de construcción, la resistencia a la corrosión de los materiales no es un detalle menor: es un requisito crítico de calidad, seguridad y durabilidad. Por eso, los ensayos acelerados de corrosión en laboratorio existen precisamente para anticiparse al problema, no para reaccionar cuando ya es tarde.
En la industria existe una variedad de mecanismos corrosivos. Conocer cuál afecta tu componente es el primer paso para protegerlo.
Ocurre cuando participan al menos una reacción anódica y una catódica simultáneamente. Se presenta cuando dos metales diferentes entran en contacto en presencia de un electrolito (como agua o humedad). El metal menos noble se corroe más rápido.
Se desarrolla bajo recubrimientos o pinturas, en forma de filamentos o hilos finos que avanzan de manera aleatoria por debajo de la capa protectora. Es especialmente problemática porque es difícil de detectar a simple vista hasta que el recubrimiento empieza a desprenderse.
Ataca toda la superficie del metal de forma homogénea. Aunque es la más predecible de todas, no deja de ser destructiva. Se presenta cuando toda la superficie expuesta reacciona con el medio corrosivo al mismo ritmo.
A diferencia de la general, esta se concentra en puntos o zonas específicas de la superficie metálica. Puede manifestarse como hoyos (pitting) o ranuras, y suele ser más peligrosa precisamente porque el daño es profundo pero poco visible.
Una variante particularmente agresiva de la corrosión localizada. Se presenta en materiales pasivados (como el acero inoxidable o el aluminio), donde la capa protectora natural se rompe en puntos concretos. Los agentes oxidantes se acumulan y el pH cambia localmente, acelerando el deterioro de manera puntual pero muy profunda.
Se origina por el contacto con agua de mar como agente corrosivo principal. La alta concentración de sales en el ambiente marino acelera significativamente los procesos electroquímicos, haciendo que los metales se degraden mucho más rápido que en condiciones normales.
Ocurre en sistemas de transporte de líquidos fabricados con materiales pasivados. Los cambios de presión generan flujos turbulentos que forman burbujas de aire; al implosionar contra el material, dañan la capa de pasivación y abren paso a la corrosión.
La respuesta honesta es: con solo la inspección visual, muchas veces no es posible determinarlo con certeza. Algunos tipos de corrosión se parecen entre sí en sus etapas iniciales, y otros no son visibles hasta que el daño ya está avanzado.
Para una identificación precisa se requiere un proceso técnico estructurado:
Análisis visual y dimensional del componente afectado.
Pruebas de corrosión acelerada en cámara bajo normas específicas (ASTM B117, ISO 9227, SAE J2334, entre otras).
Microscopía electrónica de barrido (SEM) para analizar la morfología del daño a nivel microscópico.
Análisis químico para identificar productos de corrosión y contaminantes presentes.
Realizar pruebas de corrosión durante el proceso de diseño o fabricación no es un gasto: es una inversión. Las ventajas son concretas:
Se extiende la vida útil del componente o producto.
Se evitan fallas en campo que implican recalls, garantías y daño reputacional.
Se seleccionan los materiales y recubrimientos más adecuados desde el inicio.
Se cumplen los requisitos de calidad que exigen clientes y normas internacionales.
En Metalinspec Laboratorios contamos con cámaras de corrosión certificadas, equipo de microscopía electrónica de barrido y un equipo técnico especializado para ayudarte a detectar, analizar y documentar la corrosión en tus componentes bajo las normas que tu industria requiere.

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